La distorsión de la imagen corporal y su papel en la detección y diagnóstico de Trastornos de Conducta Alimentaria

Los medios de comunicación y la educación que recibimos suelen afectar a la forma en la que vemos nuestro cuerpo o una parte del mismo. En este artículo, analizamos el concepto de dismorfia corporal, hablamos sobre las distorsiones en la imagen corporal y cómo éstas se relacionan con los Trastornos de Conducta Alimentaria.

El concepto de belleza femenina ha evolucionado mucho desde los inicios del siglo XX. Los cánones en los que se basaba el arte en pinturas y esculturas han sido reemplazados por carteles publicitarios, fotografías, estrellas de cine, televisión y modelos que han ido cambiando el ideal de mujer, siendo una extrema delgadez la representación de belleza actual. Por otro lado los hombres también viven sometidos a los cánones de belleza prefijados que se transmiten diariamente a través de los medios de comunicación y publicitarios, abundando los cuerpos atléticos, cuerpos musculados, pero al mismo tiempo definidos y estilizados, estos instauraciones sobre el ideal masculino también lo podemos ver en los juguetes de acción, estas figuras han ido cambiando hasta presentarse mucho más musculadas que hace 25 años (Rodriguez y Rabito, 2011).

 

Hoy en día, todos/as somos conscientes de la gran influencia que ejercen los medios de comunicación en general, en nuestras vidas, pero el concepto del “cuerpo perfecto” ha llevado a muchas personas a vivir por y para cumplir el ideal impuesto, nuestra sociedad ha convertido al cuerpo y a sus cuidados en un negocio, es por ello que la preocupación por el físico y la apariencia se hayan convertido en una industria (Salaberria, Rodríguez y Cruz, 2007). Salazar Mora, analizó el contenido de los productos publicitados en varios medios y encontró que el 36% correspondía a artículos o prácticas para modificar el cuerpo y obtener una figura más acorde al patrón delgado que dicta la moda actualmente, tales como productos alimenticios light, cirugía estética, plástica o reconstructiva y tratamientos embellecedores, que incluyen la pérdida de peso (Salazar, 2007). Esta preocupación sobre la imagen corporal puede hacer que la población quiera alcanzar este “cuerpo perfecto” través de conductas y comportamientos que pueden conducir y evolucionar en trastornos de conducta alimentaria (TCA).

 

 

¿De qué hablamos cuando hablamos de imagen corporal?

 

La imagen corporal está formada por distintos componentes, por 4 para ser exactos:

– El primer componente es el perceptual, que es la percepción que tenemos del cuerpo en su totalidad o de alguna de sus partes. 

– El componente cognitivo que se centra en la valoración que hacemos del propio cuerpo o de sus partes,

– El componente afectivo que englobaría los sentimientos y actitudes que tenemos hacia el cuerpo o a una de sus partes.

– El componente conductual que son los comportamientos que se adoptan hacia el cuerpo a partir de la percepción que se tenga de este (Vaquero-Cristobal et al., 2013).

Por otra parte, la imagen corporal fue descrita por Schilder (1935) como «la imagen que forma nuestra mente de nuestro propio cuerpo; es decir, el modo en que nuestro cuerpo se nos manifiesta«, a partir de esta definición podemos entender que la imagen corporal no es necesariamente congruente con nuestra apariencia física real, y subraya la importancia que tienen las valoraciones que cada uno hacemos de nuestro cuerpo. Por otra parte, Grogan (1999) definió la imagen corporal como “las percepciones, los pensamientos y sentimientos de una persona sobre su cuerpo”. La percepción es la interpretación de las diferentes sensaciones que los objetos o imágenes crean en nuestra mente para llegar a la conclusión de que un objeto (en este caso cuerpo) es lo que es y no algo diferente. La percepción se relaciona con la estimulación que los objetos crean y que alcanza a los sentidos, mediante los cuales se obtiene información y se desarrolla un proceso de aprendizaje (Velázquez, 2001), y como ya hemos comentado anteriormente, aquellos sujetos que, al evaluar sus dimensiones corporales, manifiestan juicios valorativos que no coinciden con las dimensiones reales, es decir, que sufren una distorsión de la percepción, presentan una alteración de la imagen corporal (Salaberria, Rodríguez y Cruz, 2007).

 

El trastorno dismórfico

 

Rosen et al. (1990) proponen que el trastorno de la imagen corporal se defina como una preocupación exagerada, que produce un malestar hacia algún defecto imaginario o llevado al extremo de la apariencia física. Por otra parte, las tres autoras citadas anteriormente (Salaberria, Rodríguez y Cruz, 2007) hablan de trastornos de la imagen corporal cuando “la preocupación por el cuerpo y la insatisfacción con el mismo no se adecuan a la realidad, ocupan la mente con intensidad y frecuencia, y generan malestar interfiriendo negativamente en la vida cotidiana”. Esto es lo que bajo la denominación de trastorno dismórfico aparece en el DSM-IV TR y DSM-V (APA,2000; APA, 2013) que están incluido en los trastornos somatoformes.

Los criterios diagnósticos son :

A. Preocupación por algún defecto imaginado del aspecto físico. Cuando hay leves anomalías físicas, la preocupación del individuo es excesiva.

B. La preocupación provoca malestar clínicamente significativo o deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad del individuo.

C. La preocupación no se explica mejor por la presencia de otro trastorno mental (p. ej., insatisfacción con el tamaño y la silueta corporales en la anorexia nerviosa).

El trastorno de la imagen corporal puede observarse desde dos formas de expresión distintas. La primera es la “perceptual”, y se refiere al grado de exactitud o en este caso, de inexactitud, con que el paciente estima sus dimensiones corporales. La segunda, denominada “componente afectivo o emocional”, se refiere a cogniciones y actitudes respecto al propio cuerpo, e indirectamente, al grado de satisfacción o insatisfacción con el mismo (Thompson, 1990).

 

 

La influencia de los medios, la distorsión en la imagen corporal y los TCA

 
 

La presión social a la que vivimos sometidos respecto a la imagen corporal y las distorsiones que la población pueda tener sobre él, influye en que las mujeres jóvenes se preocupen por perder peso y los hombres jóvenes por perder peso y ganar masa muscular (Gómez Marmol, Sánchez Alcaraz y Mahedero Navarrete, 2012). Esta distorsión que hemos mencionado puede generar o puede ser generada por una insatisfacción corporal que a su vez viene generada por la interiorización de los ideales de belleza, ya sean de delgadez o de aumento muscular (Rodriguez y Rabito, 2011).

 

La distorsión de la imagen corporal, desde una sobre-estimación de su tamaño es característica de la anorexia nerviosa (Bruch,1962). De hecho un criterio diagnóstico presente en este tipo de patología es que los pacientes tienen distorsionada la imagen de su cuerpo, y perciben el mismo, o ciertas partes de él, más grandes, voluminosas o desproporcionadas, de lo que realmente son. A pesar de ello, esta sobre-estimación tiene mucha reprensentatividad entre la población normal, en concreto en adolescentes (Gómez, Sánchez y Mahedero, 2012), de hecho, el grupo de población más vulnerable a presentar comportamientos y conductas guiadas a lograr los modelos de belleza actual son los adolescentes, ya que sufren los cambios propios de la juventud (Soto et al. 2015), estos cambios se dan a nivel emocional, fisiológico, cognitivos, y sociales, que provocan preocupación por la apariencia física (Ramos, Rivera de los Santos y Moreno, 2010) ya que en la adolescencia se vive el cuerpo como fuente de identidad, de autoconcepto y autoestima, en otras palabras, el ideal de belleza imperante supone una presión para el adolescente, que se encuentra en la etapa de integración de la imagen corporal. Esto supone que un alguien que tenga un cuerpo delgado sea valorado positivamente, mientras, que otra persona que salga de estos parámetros de delgadez sufra y probablemente tenga una baja autoestima (Salazar, 2008; Trejo et al. 2010). Muchos jóvenes, sobre todo mujeres, al trabajar su identidad e imagen corporal para conseguir un equilibrio emocional se basan en sus experiencias, los rendimientos personales y la aprobación/desaprobación de los demás, aprobación y desaprobación que se viene dada por la propia imagen corporal determinada por los criterios predominantes y determinados por los modelos sociales de la moda y publicidad (Salazar, 2008).

 

Las conductas adoptadas para conseguir el “cuerpo perfecto” no vienen dadas solamente por las mujeres y su mayor tendencia a la sobre-estimación corporal (Soto et al. 2015) como ya hemos mencionado al inicio, los hombres también viven sometidos a presiones sobre su imagen corporal, de hecho la insatisfacción corporal en los hombres ha ascendido en estas últimas 3 décadas del 15% al 43% (Garner, 1998). A su vez, Raich (2004) explica que si “un hombre… no es alto, tiene espalda estrecha, las caderas algo anchas o pectorales desarrollados, especialmente en la adolescencia, puede considerarse muy poco masculino y sufrir las consecuencias”.

Es por ello que, en este caso, se busque aumentar peso mediante el desarrollo de la masa muscular lo que puede llevar a la práctica de conductas peligrosas, como por ejemplo, pasar horas en el gimnasio y a consumir hormonas y anabolizantes esteroideos para aumentar su masa muscular, con el riesgo que conlleva para la salud (Salaberria, Rodríguez y Cruz, 2007).

 

Al revisar la literatura científica encontramos muchos trabajos que hablan sobre la imagen y la percepción corporal y los peligros que rodean al hecho de querer entrar dentro de los cánones actuales. Encontramos mucha evidencia dentro de esta literatura que recalcan la realidad de que un alto porcentaje de hombres y mujeres sufren de una distorsión corporal, que pueden llevarles a realizar prácticas peligrosas tanto para su salud física como mental (Merino, Pombo y Godás 2001; Cruz y Maganto 2002; Baile, Raich y Garrido 2003).

 

Es por ello importante tener en cuenta que la distorsión de la imagen corporal está considerada como un criterio de diagnóstico en los Trastornos de Conducta Alimentaria; en esta línea se expresan Ramos, de Eulate, Liberal y Latorre (2003) cuando señalan que los Trastornos de Conducta Alimentaria (anorexia, bulimia, vigorexia, ortorexia) se encuentran estrechamente relacionados, como causa y/o efecto, con las modificaciones de la imagen corporal percibida.

 

 

 

Referencias

 

Baile, J. I., Raich, R. M., Garrido, E. (2003). Evaluación de Insatisfacción Corporal en adolescentes: Efecto de la forma de administración de una escala. Anales de Psicología 19 (2), 187-192.

Bruch, H. (1962). Perceptual and conceptual disturbances in anorexia nervosa.    Psychosomatic Medicine, 24, 187-194.

Cruz Sáez, S., Maganto Mateo, C. (2002). Índice de masa corporal, preocupación por la delgadez y satisfacción corporal en adolescentes. Revista de Psicología General y Aplicada, 55 (3), 455-473.

Garner, D. M. (1998). Inventario de trastornos de la conducta alimentaria 2. Madrid:     Tea Ediciones.

Gómez-Marmol, A., Sánchez- Alcaraz, B. J., Mahedero- Navarrete, M. P. (2013). Insatisfacción y distorsión de la imagen corporal en adolescentes de doce a diecisiete años de edad. Ágora para la educación física y el deporte, 15(1), 54-63.

Grogan, S. (1999). Body image: Understanding body dissatisfaction in men, women, and children. London: Routledge.

Merino Madrid, H., Pombo, M. G., Godás Otero, A. (2001). Evaluación de las     actitudes alimentarias y la satisfacción corporal en una muestra de adolescentes. Psicothema, 14, 539-545.

Raich, R (2004). Una perspectiva desde la psicología de la salud de la imagen corporal. Avances en psicología latinoamericana, 22, 15-27.

Ramos, P., de Eulate, L., Liberal, S., y Latorre, M. (2003). La imagen corporal en relación con los trastornos de la conducta alimentaria en adolescentes vascos de 12 a 18 años. Revista de Psicodidáctica, 15-16, 65- 74

Rodríguez Molina, J. M., Rabito Alcón, M. F. (2011). Vigorexia: de la adicción al ejercicio a entidad nosológica independiente. Salud y drogas,11 (1), 95-114.

Salaberria, K., Rodríguez, S., Cruz, S. (2007). Percepción de la imagen corporal. Osasunaz, 8,   171-183.

Salazar Mora, Z (2007). Imagen corporal femenina y publicidad en revistas. Revista de CienciasSociales, 116, 71-85.

Salazar Mora, Z. (2008). Adolescencia e imagen corporal en la época de la delgadez.      Revista reflexiones, 87 (2), 67-80.

Schilder, P. (1935). Image and appearance of the human body. Londres: Kegan Paul,      Trench Trubner and Co.

Soto Ruiz, M. N., Marín Fernández, B., Aguinaga Ontoso, I., Guillén-Grima, F., Serrano Monzón, I., Canga Armayor, N., Hermoso de Mendoza Cantón, J., Stock, C., Kraemer, A., Annan J. (2015) Análisis de la percepción de la imagen corporal que tienen los estudiantes universitariosdeNavarra. Nutrición Hospitalaria, 31 (5), 2269-2275.

Trejo Ortiz, P. M., Castro Veloz, D., Facio Solís, A., Mollinedo Montano, F. E.,   Valdez Esparza, G. (2010). Revista Cubana de Enfermeria, 26 (3), 144-154.

Thompson, J.K. (1990). Body image disturbance: Assesment and treatment. Elmosford, NY: Pergamon Press.

Vaquero-Cristóbal, R., Alacid, F., Muyor, J. M., López- Miñarro, P. Á. (2013).     Imagen corporal; revisión bibliográfica. Nutrición Hospitalaria, 28 (1), 27- 35.

Velázquez, J. M. (2001). Curso elemental de psicología. New York: Selecctor.

 

 

Artículo escrito por Amaia Bigalondo, Psicóloga del equipo de Aimentia Healthtech. 

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